La noche más larga (parte III)

 Exhausta, con frío, magullada, Ana sabía que el amanecer era su aliado. El sol le guiaría esta vez. Siguiendo la dirección de las montañas, estaría a salvo. El peligro había pasado, la noche acabó.

 Llegó a un naranjal y se detuvo a descansar. Comió un par de frutos para saciar su sed y tranquilizar el estómago hambriento. Se recostó sobre la tierra húmeda. Al despertar, recuperada, aceleró el paso deseando llegar a casa. Ahora no estaba sola, había ciclistas madrugadores, hombres trabajando los campos, animales. Olía a rocío .Por primera vez dejó de llorar y sus labios dibujaron una mueca que pretendía ser  sonrisa. Le dolía todo el cuerpo, músculo a músculo, hueso a hueso. Miles de pensamientos, bloqueados en la oscuridad por el pavor, se mezclaron en su cabeza rizada: ¿qué había pasado?, ¿era todo un mal sueño?, ¿había muerto?, ¿se había vuelto loca?, ¿había algún tipo de droga en aquel vaso a la entrada del vivero?,¿ dónde estaba?

 Una extensión de olivos apareció ante sus ojos, enormes cepellones dispuestos a ser llevados a otro lugar. Ana sintió que tenía que abrazarlos , hablarles, tocarles. Creyó ver en ellos a sus antepasados, a los amigos que se fueron, a los que hacía tiempo que no veía, a todos los que amaba. La felicidad y la risa la sacudieron. Cuando hubo acabado su agradecimiento a la vida, continuó andando. Corría, saltaba, se paraba a ver el vuelo de un pájaro  o a recoger flores. Llegó, por fin ,al pueblo.

 Dudó, paralizada. Pensaba que si nadie la miraba, sucia ydesaliñada como estaba, era porque no la veían. Quizás había muerto, era un espíritu o un ángel. Lágrimas profundas cayeron por su rostro, desde un manantial inagotable . Una patrulla de la Policía Local paró su ensimismamiento. La llevaron a comisaría, donde le devolvieron su documentación. Ante la insistencia de Ana, que sólo quería saber si estaba viva o muerta, los agentes le dijeron que había estado desaparecida desde las 6 de la tarde del día anterior. Luego le acompañaron al vivero donde dejó su coche y de allí la llevaron a su domicilio. Asustada por lo que había vivido, se encerró con su sola compañía . Cuando días más tarde tuvo fuerzas para salir, fue a ver a su médico de cabecera, que la remitió al psiquiatra de guardia. Éste le dijo , después de numerosas sesiones de psicoanálisis, que se tranquilizase, que todo había sido un episodio de estrés, que había tenido una fuga disociativa. Y que no se repetiría. Jamás.

A   P.  Bataller

© Coeliquore

Anuncios

deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s