Memoria isleña

Recuerdo jugar a las muñecas en la azotea de la casa de mi abuela mientras ella tendía y destendía sábanas a las que luego pasaba una plancha de hierro.
Recuerdo la primera escuela a la que fui: esperar en fila una botella de leche, mi madre que se perdía en un aula y cómo yo lloraba hasta que en el recreo Alfonso, el niño de cinco años que fue mi primer amor, me daba besos de caramelo.
Recuerdo probarme los zapatos de tacón alto y lunares de mi tía Melita y desear parecerme a ella. Recuerdo espiarla cuando se sentaba en la habitación de la entrada para conversar con el novio, bajo la atenta mirada de su hermana mayor.
Recuerdo aquel colegio de monjas que tanto odiaba. Recuerdo entrar por una puerta mientras mi mejor amiga lo hacía por otra, llevando un uniforme distinto al mío, sólo porque era huérfana.
Y recuerdo, sobre todo, los días de excursión: los nervios en el estómago antes de salir, el tubo de leche condensada en la mochila, los arañazos en las rodillas al llegar.

© Coeliquore

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35 Respuestas a “Memoria isleña

  1. Cuantas vivencias y recuerdos, yo solo me acuerdo que corría y corría para huir de las feroces garras de mi padre. Que envidia me dan todas aquellas personas que dicen que la niñez fue la etapa más feliz de su vida, fueron bien amadas por las personas de su entorno.

    • Si buscas también encontrarás recuerdos bonitos y felices. Nada es blanco y negro. Ninguno, creo, hemos tenido una infancia totalmente feliz o del todo desdichada.

  2. Conicidimos en algún recuerdo.
    Recuerdo jugar con mi abuela al parchís cuando terminaba de tender y destender las sábanas. Recuerdo la primera escuela a la que fuí y a esos grandes maestros que me enseñaron lo que era el odio, recuerdo ayudar a ponerse el abrigo a Carmen, mi primer amor cuando ambos teníamos tres o cuatro años, y recuerdo aquel colegio de monjas en el que me trataban diferente por tener padres divorciados.
    Lo malo, es eso, que lo recuerdo, y a veces, me gustaría no recordar.
    Un abrazo.

    • Sí, coincidimos en el recuerdo de la abuela que siempre estaba lavando, tendiendo, cosiendo. Y nosotros jugando cerca, como cobijados por su sombra.
      El primer amor: para tí Carmen, para mí Alfonso. Y cómo nos protegíais, y cómo nos sabíamos protegidas.
      La escuela: las monjas que predicaban una cosa y hacían otra, los profesores que no nos querían y a los que nunca nada parecía bastante. Y el lugar que nos enseñó aquello que no queríamos aprender: que existe el odio, la maldad, la discriminación.
      Es curioso también darnos cuenta de qué recordamos y qué olvidamos y porqué…
      Otro abrazo para tí.

  3. El título, ¿ es porque refleja algo de lo acontecido durante la parte de tu infancia que transcurrió en la isla?. ¿ O es porque se trata de recuerdos aislados, dispersos?
    Nunca ví una plancha de esas, salvo en las películas y museos. Debía ser fantástico eso de ver a tu abuela manejarla.
    Besitos

    • Pues supongo que por ambas cosas.
      Eran una planchas tremendas, que pesaban una tonelada y con las que había que tener gran destreza porque si no, lo quemabas todo. Recuerdo cómo mis tías se cargaron alguna pieza de ajuar, con el consiguiente enfado de la abuela.

  4. es una suerte poder contar entre los recuerdos infantiles con la presencia de los abuelos

    es la primera vez que leo la palabra destender…cuestiones geográficas

    • Conocí a mis dos abuelas, con las que viví toda mi infancia y en periodos largos. Eran opuestas: una dulce y generosa, la otra fría y con mal genio ( a ésta última la comprendo ahora, antes no podía ni verla). Con los abuelos no tuve tanta suerte, ya que murieron durante la guerra civil.
      Mis hijos no han podido disfrutar de los suyos, y eso que todos viven. El ritmo de vida actual, la gran ciudad, el trabajo, la separación de sus padres. Les he contado historias de ellos, y he conseguido formar un círculo de amigas que ha hecho las veces de familia grande: algo es algo…
      Como me has hecho dudar, he buscado el término en el diccionario de la R.A.E.: efectivamente, no está. Pero en Canarias es una palabra que usamos todos, constantemente. Como dices, cuestión de geografía.

    • Gracias, Vicky. Con tus comentarios, consigues que se me aguen a mí 🙂

      Pd: no sé si me acabo de inventar eso de “aguen”. Quizás sea “agüen”, o enjuagen…

  5. En el colegio de monjas al que iban mis hermanas también las niñas “gratuítas” iban con el uniforme diferente de las ” de pago “. Hacía tiempo que no recordaba. Gracias, Coe, por estos relatos que te hacen volar en el tiempo. Un abrazo.

    • Creo que recordamos lo que nos impacta. Y a mí, ver que las pobres y las huérfanas iban vestidas de otra guisa y entraban por otro lado al colegio me hacía llorar de rabia.
      Más, cuando aquellas señoronas de hábito blanco decían una cosa y luego actuaban de forma opuesta.
      Pd.: de aquel cole recuerdo tantos episodios grotescos que merecen un post . Tal vez un día lo escriba.

  6. Lo mejor de la niñez es que no distinguimos razas, culturas, ideas políticas…solo cuenta el arte del querer, la simpatía, la nobleza, el altruismo, la generosidad…hasta que los mayores acabamos viciando los valores naturales, que aunque no nos demos cuenta, seleccionamos excesivamente, hablo por mí, claro. Aunque hay muchas personas nobles y maravillosas, que son las que los niños perciben como amigos indiscutibles.
    Un beso.

    • Es cierto. Ojalá al crecer no perdíésemos también esa forma de ser tan propia de los niños: sin hipocresía, amando libremente, sin rencores, sintiendo nuestros sentimientos sin ocultarlos bajo lo que es socialmente aceptable.

  7. Yo también estudie con monjas y fue lo mejor que hicieron mis padres por mi.Nunca me dijeron con 9 años que yo no valia para estudiar. ni que celebrara un aprobado de mates a los catorce con una borrachera.Siento que las monjas sean una especie en extinción.Yo recuerdo que no me dejaron hacer ballet (no era un figurín) y me mandaron a aprender guitarra.Besos.

    • Me alegro de que hayas tenido una experiencia mejor con las monjas que la que yo, o algunos de los que han escrito aquí, llegamos a tener…Eso demuestra que, afortunadamente, hay y había de todo.
      Bss

  8. a mí no se me ocurrió buscar la palabra en el diccionario ni mucho menos porque pensé que era cuestión de eso, de geografía

    fíjate que hablando de tender se me ocurren las pinzas de la ropa, en mi casa mi madre y por tanto yo, que aprendí de ella, nunca usamos la palabra pinza, que es como lo llama todo el mundo, creo que en muchísimos lugares

    pero a nadie he oído decir alfiler, sin embargo en mi pueblo, que es muy chiquitillo les dicen alfileres a las pinzas de la ropa

  9. Me gusta ese nombre, alfileres, para denominar a las pinzas de la ropa: tiene encanto.
    Es bonito que cada zona tenga variantes de ese tipo, enriquecen el lenguaje.
    Un beso

  10. Yo recuerdo ir a “parvulitos” y tener dos novias.Cuando la maestra se ausentaba de la clase ( vivía allí mismo, en el piso de arriba), me dejaba a recaudo alrededor de 15 niños y niñas de mi edad.A Natalia, primer amor, le reglaba gomas de “nata” y no le pegaba con la vara que me había dejado Doña “Madalena”.Cuando volvía me pereguntaba como había ido todo y siempre respondía que se habían portado muy bien ( esto no era del todo cierto pues en más de una ocasión tuve que “llamar la atención” a algún pretendiente de Natalia que se acercaba más de la cuenta a su pupitre).
    Hace alrededor de dos años volví a ver a Natalia sentada en un paseo.Divorciada y viviendo en Almería , dedicada a un negocio propio.Nos saludamos y fue bonito recordar esta anécdota.Yo si tuve buenas sensaciones de niñez, aunque la mayor parte de ellas fueron creadas por mi propio imaginario, pues el cariño de mi padre, ocupado el pobre en sacarnos adelante, trabajando por duplicado para “darnos lo mejor”,era escaso…Nunca lo he reprochado, nos querían a su manera entendiendo que lo mejor era tener todo cuanto ellos no pudieon tener.Ahora sabemos que lo mejor que se puede dejar es amor , cariño y educación.En parte cumplieron con nosotros…venían de un mundo muy duro, y no querían que lo pasáramos tan mal como como ellos.

    • Parvulario, gomas de nata, vara: cuántos recuerdos trae todo eso también.
      Entonces Doña Madalena ya te vio trazas, tan pequeño.
      El primer amor, el de la infancia, nunca se olvida, ¿por qué será?
      Leí una vez, creo que fue a George Sand, que la memoria es el perfume del alma. Creo que es verdad y que la vamos entretejiendo con nuestros recuerdos y nuestra imaginacíón.
      Gracias por traernos aquí un bonito pedazo de tu pasado.
      B7

  11. maldigo por toda la eternidad a todos cuantos practicaban, consentían, amparaban, justificaban o diseñaban esa barbarie que relatas de las niñas huérfanas

    los espero en el infierno

  12. Esa barbarie ocurría en toda España durante la época franquista, en los colegios religiosos de pago.
    Me uno a la maldición. Los espero también allá donde vayan en la otra vida, pero después quisiera desaparecer y estar lejos de su presencia monstruosa.

  13. La barbarie sigue ocurriendo, lo veo todos los días.
    La democracia: una apetitosa comida que tiene mucho veneno, infinitamente hipócrita. Niños felices y otros explotados, humillados, vejados, amargados, vengativos, apaleados, despreciados, ultrajados, obligados a combatir…sigo? Y cuando son adultos, si llegan, mueren en cualquier rincón de la tierra entre las ratas, sin nadie que les haya alegrado ni un segundo de su vida. De que vamos?

  14. Siento haber sido tan vehemente, pero me siento primero implicada por haber sido marginada y después culpable, por no haber hecho nada cuando tenía medios para evitar alguna barbarie, aunque fuese una pequeña. Cobardía, dejadez…no hay excusa.

  15. A mí me encantaba ponerme los zapatos de tacón de mi madre: iba por toda la casa haciendo ruido con ellos. Y pintarme los labios, y ponerme sus collares. Ahora me sigue gustando ir bien alta, con los labios rojos y llena de abalorios.
    Por fortuna, nunca fui a ningún colegio de monjas. En eso tuve suerte…

    • La suerte cambia, no siempre todo lo que vivimos es desafortunado.También gozamos de momentos bellos y mágicos. Todos, aunque a veces pensemos lo contrario por estar sumergidos en el dolor.
      Como decía Arthur Miller: “La vida es como una nuez. No se puede cascar entre almohadones”
      Bss

    • Gracias, yo también. Es más, creo que soy la primera interesada…
      Por el blog os enteraréis de cúal es el resultado, si bueno o no tan bueno. Tengo preparadas dos entradas diferentes, acorde a lo que salga. Mientras, cruzaremos dedos.

  16. Has de saber que aunque seas la protagonista,no eres la única interesada y que tod@s l@s que te conocemos y por supuesto queremos, estamos mandandote mucha energía positiva.Además,no todo es blanco o negro,existen las tonalidades.Besos.

    • Nunca me acuerdo del gris, la verdad. Tal vez deba preparar un tercer post, para contemplar que la lucha continúa y que todo más o menos está igual ( lo cual también puede suceder). Y no sería ni malo ni bueno, sino en el medio…

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