Latido

No frecuento las discotecas, mis hermanos sí. Pero esa noche, la última del verano, insistieron tanto que decidí acompañarles. No bebí alcohol: no me gusta. Bailé un poco y me lo pasé charlando con los amigos. Estaban todos, algunos de los cuales hacía tiempo que no veía.
Amaneció y mis hermanos no querían irse, pero yo estaba deseando hacerlo. A las siete y media salimos por fin. El pequeño prefirió subir en otro coche, con nosotros vino Juan. Pedro conducía rápido y en una curva inmensa dio un volantazo. Recuerdo las vueltas de campana y luego, tras el golpe, aquella luz vibrante y cálida.
En los días en que estuve en coma, me sorprendió lo que era capaz de ver, oír y sentir: conversaciones, llantos, el tacto de tantas manos acariciándome, susurros. Acudí al entierro de mi hermano estando al mismo tiempo en la cabecera de la cama de Juan, mientras besaba a mis padres abrazándome a Andrés, el menor .
Supe que había muerto cuando Pedro vino a buscarme. También acudieron mis abuelos. Y mis ídolos: Kurt Cobain, Bruce Lee, Marlon Brando.
Ojalá mis progenitores nos pudiesen ver: así comprenderían que estamos bien. Vivimos en otro lugar, como cuando el curso pasado yo estudiaba en Dublín. Nos seguimos peleando: poco ha cambiado en eso.
La semana que viene irán a Zaragoza. Nada más conocerle adoptarán, como si fuese un hijo, al muchacho que, tras el trasplante, lleva mi corazón. Y Andrés se enamorará de su novia, complicándolo todo según acostumbra.

A Miriam

© Coeliquore

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11 Respuestas a “Latido

  1. si este relato se difundiera mucho mucho mucho, nadie nadie nadie querría quedarse aquí

    después vendría el problema grande grande grande de que todos estaríamos en el mismo sitio, rompiéndose el misterio y la incógnita de lo desconocido y comenzaríamos a pensar cómo sería “vivir” unos en un lado y otros en otro

  2. Ante la muerte de una persona joven no hay consuelo. Cuando ésta es, además, violenta, como la producida por un accidente de tráfico, hay que encontrar algo a lo que agarrarse, si tienes religión o credo alguno…
    Este relato sigue una tradición que nació en las Islas Británicas hace unos diez años. Se llama “literature of the afterlife”. Los protagonistas suelen ser niños o adolescentes y desde allá dondequiera que sea nos cuentan cómo están. Padres y hermanos se aferran a ésto, aunque pueda parecer absurdo. Yo lo he escrito por lo mismo, buscando una explicación a lo inexplicable: lo necesitaba.
    Besitos y gracias por leerlo, Carmen.

  3. Yo si que creo en otra vida,una vida mejor,por lo menos para aquellos que se la merecen.La muerte siempre es injusta si la miramos desde el aspecto terrenal,pero desde el otro lado ¿como se vera?
    Espero que la parte que sigue viva del hermano mediano viva mucho tiempo.Y estoy segura de que ahora los dos hermanos se dedican a cuidar de su hermano pequeño y de sus padres.Ese es mi credo.

  4. Yo tambien creo que las almas buenas cuando mueren se van a otro sitio mejor que este mundo, serán felices, estarán con Dios
    ¿Cómo entender estas muertes de personas tan jóvenes? En el despertar de su vida,cuando tenían todo por hacer.
    Dice Isaias en las sagradas escrituras, los planes de Dios no son nuestros planes, ni sus caminos son nuestros caminos,Is.55,6-9

    • Estaría bien que fuese así, como decís las dos. Que están en un mundo mejor, que nos volveremos a encontrar, que cumplen una misión que no podía aguardar y por eso se fueron tan pronto, siendo aún niños. Porque si no es así…¿qué nos queda?
      Vivir cada día, disfrutar al máximo, abrazar los buenos recuerdos que nos dejaron.
      Yo me quedo con la frase de John Lennon que decía que la vida tiene otros planes. Así me sigo aferrando a que hay vida fuera de aquí. No sé.
      Besos a las dos

  5. Veo a Elizabeth Kübler Ross en este relato tuyo. Yo también creo en lo que dice esta médico experta en terminales: hay vida después de la vida.
    Bonito relato.

  6. He leido ¨La rueda de la vida¨y he quedado subyugada a su influjo.Es un libro de lectura obligada para los profesionales de la salud,y muy recomendable para todos los que nos dejamos llevar por una vida ajetreada ,sin parar a pensar que estamos de paso y hemos de aprender a prepararnos para aceptar la muerte propia y la de los seres que amamos.

  7. A mí también me gustó el libro. Es una de las autobiografías más amenas, interesantes y sorprendentes que he leído. Toda Kübler Ross me parece una lectura valiosa, formidable y muy humana, como no podía ser menos de quien pasó la vida cuidando a los demás. Su paso por este mundo estuvo lleno de experiencias de todo tipo: una guerra mundial, enfermos psiquiátricos, terminales…

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