Cajón de sastre

Desde muy pequeña, Elisa adquirió la costumbre de ir poniendo en el cajón de la mesilla de noche aquello que le importaba: la horquilla de plata que su tía Ana le regaló al nacer, los pendientes de la abuela, los diarios que iba escribiendo con impaciencia y deseo, recortes de periódico, su libro preferido, los caramelos para la tos.
Mantuvo el viejo hábito porque lo que allí colocaba le hacía feliz: usaba la horquilla como amuleto los días en que la invadía una terrible inseguridad, con los pendientes notaba la fuerza de aquella matrona que le antecedió, lo escrito en el diario acontecía al poco tiempo, los recortes -reflejo de sus anhelos- cristalizaban pronto, no se cansaba de leer su libro favorito, la tos desapareció.
Fue añadiendo símbolos de lo que le gustaría que le sucediese: fotos de rostros transparentes y de paisajes desbordantes, cifras, ideas extrañas, relatos complicados, pequeños objetos. Mientras el cajón los acurrucaba, Elisa se sentía dueña de su destino.

© Coeliquore

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19 Respuestas a “Cajón de sastre

  1. Pensaba que “válgame” era sólo una expresión nuestra, no de allende mares.
    La manera en que creamos la realidad es tan personal que para cada uno es distinta.
    Elisa la mezcla con la magia. Y eso le da seguridad.
    Besitos

  2. Este pequeño relato me ha hecho pensar que, está bien eso de “crear” la realidad con objetos, utilizándolos como “anclas” materiales para afianzar, o recordarnos nuestras deseos físicos o anímicos alcanzables a través de nuestra voluntad. El problema, es cuando le otorgamos a los objetos el “poder”, y los transformamos es amuletos. Eso se puede convertir en pura superstición alienizante.
    Saludos cordiales.

  3. Lo de las anclas me ha recordado a la PNL: formas de vivir personificadas.
    Un amuleto no tiene porqué ser una superstición alienizante. Sencillamente aquí se trata de objetos con valor sentimental. Y al recordarle a Elisa dos figuras femeninas que en su familia le sirvieron como modelo, le protegen y ayudan. Las pertenencias tienen un valor mítico a veces.

    • Eso digo, no tienen porque serlo, el poblema puede surgir si se convierten en ello. En objetos, que sin ellos seamos incapaces de dar un paso.
      Saludos cordiales

  4. Yo hacía, bueno aún hago, algo parecido. Pero en una caja de zapatos que guardo bajo la cama. La llamo la “caja de los deseos”, porque se me suelen cumplir. ¡Qué casualidad!

    • Es algo propio, creo, de la infancia: guardar cosas como si fuesen tesoros y darles poder para mejorar nuestras vidas. Hay quien lo mantiene al hacerse mayor y quien no. Estoy por probar a ver si se cumplen…

    • Gracias, Clothbi. A mí me encantan tus poesías, creo que son bellas y especiales.
      La imagen es bonita, sí, juega con las palabras también. Es de lo que más me gusta del lenguaje: desorden ordenado, cajón (de)sastre.
      Besotes

  5. Yo tambien soy de las que guarda “trastos”en una caja.La última la llene de toda las demostraciones de cariño que recibí durante una larga enfermedad.Entre esas cosas estan los dibujos y frases de mis hijos y sobrino,los santos y amuletos que con buenos deseos me trajeron desde los sitios más diversos,las tarjetas que me enviaron durante los ingresos hospitalarios…y otros tantos cachibaches que me recuerdan toda la gente que me demostro su amor cuando más lo necesitaba.Besos Coeli.

    • ¡Buena idea, no se me había ocurrido :-)!
      Aunque la mayoría de esas demostraciones de cariño no se pueden almacenar en cajas ¡afortunadamente!, sino en el corazón: amig@s que estuvieron ahí, muchos incluso inesperadamente.
      Sorprende la cantidad de amuletos, medallas y monedas con todo tipo de acuñaciones que me dieron. Como no creo en ellas, tiré la mayor parte: ahora me arrepiento.
      Pero una pequeña cajita sí sale…
      B7

  6. Me ha gustado mucho. Me ha recordado una canción que escribí hace tiempo, con una temática parecida. A ver si la encuentro y te la enseño, para que me des tu veredicto 😉
    Un abrazo.

  7. Me encantaría escuchar esa canción, seguro que es preciosa. Anda, porfa plis, búscala y me la pasas.
    Veo que has vuelto a escribir en el blog, después de tanto tiempo. Luego paso y te comento.
    Abrazote

  8. Nunca he conseguido tener un cajón de sastre, soy en verdadero desastre guardando cosas en cajas, luego se me olvida que tengo una, así que hace años decidí hacerlo en la que nunca me falla, en el corazón… ahí están guardados mis mejores tesoros: vivencias, pasiones, desenfrenos, errores, amores, pecados, deseos… los recuerdo a menudo, y mientras tenga lucidez lo seguiré trabajando, el día que la pierda, se acabará todo, y no habrá más risas en mi caja.
    Besotes.

    • Recordar significa “volver a pasar por el corazón”. El día que no recordemos, será triste, como dices. Pero si tiene que llegar ese momento, y se hace inevitable, que no sea porque antes no hayamos vivido al máximo: incluso los recuerdos.
      Bss

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