Día de Reyes

Después de comer, vestida con el traje blanco de los domingos y los zapatos de charol rojo, doy prisa a mis padres. No quiero que duerman la siesta, no hay tiempo que perder. A las cinco en punto desembarcan los Reyes. A regañadientes, me hacen caso.

Vamos a pie por la avenida, no dejo de mirar al mar. Hay muchos barcos, me pregunto en cuál de ellos vendrán. El muelle está lleno. Mi padre, mi héroe, me sienta en sus hombros. Precedidos de soldados romanos, de música y de carrozas que tiran caramelos, los veo llegar. Melchor me sube en su camello, habla mucho, no le entiendo y tiene el pelo suave como la espuma. Le digo “bici” una y otra vez. Gaspar no para de reír y Baltasar es de piel tan oscura que me da miedo. Tengo un tambor en el corazón, me hago pis.

Me duele la tripa, no puedo cenar y me voy a la cama. Intento no cerrar los ojos, aunque me pesan mucho. Cuando la casa está en silencio, a oscuras, voy al comedor. Junto a mis zapatos hay cuatro regalos envueltos en papel brillante, pero ninguno tiene forma de bicicleta. Mis lágrimas saben dulce. Consigo dormirme, cansada.

Me despierta un sol radiante. Mis padres están mirándome, sonrientes. Me incorporo, corro al comedor y abro los paquetes: un puzzle con el mapa terráqueo, un libro de cuentos, una caja enorme de lápices de colores y una preciosa muñeca negra. Con la boca abierta, me abrazo a la muñeca, le leo los cuentos, dibujo bicicletas en la pared y descubro con el puzzle cómo es el mundo. Soy la niña más feliz de la tierra.

© Coeliquore

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24 Respuestas a “Día de Reyes

  1. Me váis a perdonar si soy un poco aguafiestas, pero a mí los Reyes siempre me han parecido un poco crueles, con esa desigual oferta según clases y posibles. O será que toda mi infancia esperé en vano el Scalextric, sin ser consciente de cuál era la realidad económica. Volveré a ver la peli de los psicoanalistas, a ver si encuentro pistas para desmadejar mi pueril trauma.

    Mejor la muñeca, dónde va a parar. Lo que no sé es para qué escribíamos la carta.

    • Atticus, esta vez estoy contigo, aunque con otro matiz. Pienso que los reyes es la mentira más cruel que se ha inventado, los niños son los seres más inocentes, vulnerables, influenciables, generosos y agradecidos que hay, la sociedad consumista abusa de nosotros los padres ya que daríamos todo por nuestros hijos, yo también he sido cómplice de esa gran mentira con los míos, aunque les ponía poca cosa. Fue mi madre la que me contó lo de los reyes, pensó que era muy mayor para no enterarme y que debía ser muy tonta, ya que todo el mundo iba con paquetes y no era capaz de intuir semejante montaje, pero era tan feliz pensando que mi carta la leían unas personas tan importantes y que además me traían lo que escribía…que dulzura el despertar de ese día.
      Y que mal lo deben pasar los que no pueden poner regalos a sus hijos por culpa de esta gran mentira.
      Hace un par de semanas me encontré con una conocida que entre lágrimas me contaba que por primera vez este año no podía comprar nada a sus hijos aún pequeños, la casa se la habían expropiado y los niños igual hasta se los quitaba bienestar social. Me dejó muy sensible, perdonadme por mi respuesta aciaga.

  2. No puedo más que sentirme identificado con este post. Adoro la parte en la que dices: “bici”. Me recuerda muchas navidades… Aquí celebramos el 24 de diciembre. Los regalos los trae bien sea papá Noel, o el niño Dios. Un relato hermoso.

    • Entonces, en tu país, los regalos los traen el 24. Y, según dices, puede ser papá Noel o el niño Dios. Imagino que según la religión que profesan, o la influencia hispana o anglosajona.
      Sí, lo recuerdo perfectamente: le tocaba el pelo y le decía “bici” sin parar, gritándole incluso. Hasta que se cansó de oírme y me bajó al suelo. Enfadado por mi impaciencia y porque le mojé la túnica que llevaba.

  3. Tienes razón, Atticus. Hay niños que reciben de todo y en cantidades desorbitantes y quienes no tienen nada, ni zapatos para poner en el comedor.
    Pero fui de las afortunadas que sí recibía. Aún hoy me sigue gustando regalar y que me regalen, las sorpresas, lo inesperado.
    A tí te pasó con el Scalextric y a mí con la bici. Al final, a los 14, heredé una de un primo, y tenía que compartirla con mis hermanas. Así que mi primera bicicleta me la compré yo, cuando empecé a trabajar. Era lusa, azul y muy bonita, siguiendo un modelo antiguo precioso. La cambié hace unos años por una de montaña y marchas, pero aún la echo de menos
    Tampoco yo sé para qué escribíamos la carta: nunca me trajeron lo que pedí. Tal vez querían que hiciésemos un ejercicio de caligrafía…
    No te recomiendo que vuelvas a ver la de los psicoanalistas, porque con lo poco que te gustó seguro que te hace más grande el trauma…

  4. Yo no recuerdo lo de escribir la carta pero si el elegir los anuncios de juguetes en la tele,era divertido ver quien de los tres hermanos decía antes: Me lo pido.
    Lo que no he olvidado, es el subir los 6 primos al piso de mi abuela para recibir la más novedosa de las muñecas o lo último en coches y bajar todos a la calle a lucir nuestros regalos.
    Quien pudiera volver a la infancia para no tener preocupaciones y tener cerca a todos sus seres queridos.

  5. Por cierto.yo tuve mi primera bici a los trece, era el premio de una rifa para el fin de curso y yo le pedí a mi abuela y a su hermana que si les salia me la tenían que regalar. Y así fue.Todavía esta por un corral,era una flamante BH roja.

    Ah, y lo mejor de todo era la sorpresa del regalo.

  6. ¿Qué no escribías la carta a los reyes, Karmen? ¿Y éso?. Tampoco eres tan joven,no como yo, que pronto cumpliré 25…
    La primera bici nunca se olvida,¿por qué será?. Ni la primera torta. Yo recuerdo siendo muy pequeña para una muy grande, y la leche que me pegué al bajar una cuesta y darme de morros contra la puerta de un garaje. Luego, hace tres veranos, me rompí el escafoides , aunque logré evitar darme en la cabeza. Así y todo, me sigue gustando montar en bici.
    Sí, las sorpresas, siempre: ese nerviosismo de no saber qué es lo que hay dentro…¡me encanta!!!

  7. esto de tener el sueño ligero (hubiese sido un estupendo perro guardián) fue directamente proporcional a darme de bruces con la realidad de la autoría de los reyes magos en la tierna infancia y situar la economía familiar en su sitio justo

    • Bueno, ya sabes que dicen que no hay mal que por bien no venga…

      Yo, en cambio, tengo y tenía un sueño profundísimo. Así que no llegué a enterarme hasta bien tarde: creo que fui de las últimas de la clase, tendría unos diez u once años.
      Por mi casa podían entrar camellos, pajes, y de todo que no me enteraba

  8. Varios años estuve empeñada en que me pusieran una espada. No sé qué serie ponían en la tele, pero todos los niños tenían una, hasta mis hermanos. Como yo era chica, no me la pusieron, pensaban mis padres que aquello era poco femenino.
    Dices por ahí arriba “No hay mal que por bien no venga”. En la universidad aprendí esgrima y ahora practico tai-chi, versión espadachina.

  9. sencillo, precioso, conmovedor: el mundo es un puzzle de ilusiones truncadas, pero siempre hay otras, siempre

    las bicicletas son para la eternidad :::

    • Sí, lo leí y me encantó. Me gusta Martín Garzo, tambien como columnista.
      Y me he apuntado la obra de Bruno Betelheim que menciona. Porque de éste señor también me gusta todo, en especial “Psicoanálisis de los Cuentos de Hadas”.
      De todas formas, gracias por el detalle, guapa.

    • Ufff, Alcoy: ¡menudo frío!!!.`
      Pues gracias. Pero a mí me gustaría más que también comentases, y perdieses ese miedo escénico…
      ¡Feliz año a tí también!!!

      • Estuve años empeñada en un patinete, de ésos que se plegaban. Pero recuerdo que al poco mi hermano marchó a la India como voluntario. Y con lo que me contó, decidí dejar de pedir.
        Luego fui a aquel país. Allí me sentí como una reina maga, con aquellos niños de ojos negros y sonrientes. La India dio un giro a mi vida: ya lo sabes.

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