Hermanas

Otilia aprendió desde bien niña que la vida y la muerte van de la mano. Nació diez meses después de la primogénita, que murió en el parto. Le llamaron como a ella.

Todos los domingos ve su nombre escrito en una lápida: su padre la lleva a poner flores a la tumba de su hermana.

© Coeliquore

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14 Respuestas a “Hermanas

  1. Yo también nací después de un hermano que decidió partir muy temprano. La diferencia fue que a mí me pusieron nombre propio. Nunca tuve que llevar flores: muertas para muertos. Aunque recuerdo que mi vida sí estuvo rodeada de personajes que decidieron cambiar de plano más temprano que los demás. He aprendido que en la muerte hay un dulce romance y la mejor forma de honrar, respetar y cuidar del mundo trascendente, es aprovechando la vida al máximo.

    • Lo del nombre propio creo que es lo mínimo. Aunque supongo que muchos padres eligen la opción de poner el mismo nombre como un acto de amor hacia el que se ha ido, pero es una carga para el que se queda (y una responsabilidad).
      Estoy de acuerdo: respetamos, cuidamos y honramos a los que se fueron viviendo nuestra vida al máximo.
      Me has dejado intrigada con eso de que en la muerte hay un dulce romance: ¿qué quieres decir exactamente?
      Como siempre, tus palabras son sabias, Vicky.

  2. Siempre me pareció algo macabro esa costumbre de ponerle el nombre del que se fue al que se quedó. Es un recordatorio triste.
    Pienso igual que Vicky: aprovechemos la vida al máximo.

    • No lo llamaría macabro. Sí, triste y duro.
      Y me emociona pensar en lo que sentiría la pobre niña al ver su nombre escrito en el cementerio…uffff
      Sí, vivamos la vida a tope.

  3. In some areas near the frontier I have also heard of people doing this too.
    Some believe that it is a way of showing the love to the dead. I don´t agree, anyway.

    • It is part of the catholic culture, I think. So maybe that is why you find it near the border of your country.
      Neither do I. I think there are better ways of showing our love to the dead.

  4. Otilia partirá con ventaja por metabolizar la muerte desde tan pequeña. Estará mucho mejor preparada para futuros encuentros. Precioso relato.

    • Sí, pienso igual que tú. En esta sociedad hacemos de la muerte un tabú, y a los niños ni se le menciona, para que sigan en la burbuja de Yupi.
      En cuanto a lo de ponerle el mismo nombre, no sé, no lo tengo claro. Me parece un peso innecesario, pero tal vez sea lo contrario.

  5. Todos tenemos el nombre que tenemos por algo. A mí me parece que llevarlo por un hermano muerto es de las razones más bonitas.
    Estoy con raúl: a esa niña el futuro no le pillará de sorpresa. A veces protegemos tanto a los niños que no les hacemos vivir en la realidad del día a día: la vida tiene dos caras y la muerte es el reverso de la moneda.
    Bst

  6. Sí, es bonito y un honor también. Quizás los padres se lo ponen al hijo que sobrevive para demostrarse que la vida está ahí, que siempre hay vida, para así soportar mejor el dolor. Porque no hay dolor más terrible que el de la muerte de un hijo, no comparable a nada, aunque este hijo sea un recién nacido.

  7. Estoy completamente de acuerdo con Vicky. Además, pienso que cada ser humano, cuando viene (venimos) a este mundo tenemos una evolución como individuo. Somos “almas diferenciadas” (aunque paradójicamente para el intelecto, unidas en espíritu). Debemos vivir esa individualidad, con sus experiencias personales e intransferibles para bien de todos. Pienso que no es adecuado cargar a un ser con, digamos “el peso” de otro, y menos intencionadamente. Como dice “Chusa” todos tenemos el nombre que tenemos por “algo”. Un saludo.

    • ¡Qué alegría que estés de vuelta, JoseV!!!.
      Sí, llevar el nombre de alguien que nos ha precedido y no ha podido vivir es una carga. Cada uno es diferente y tiene cosas diferentes que aprender, no podemos hacerlo por otra persona.
      Y las razones, las tiene nuestra alma. Creo que estamos casi todos de acuerdo.
      Un abrazo

  8. prefiero nombre propio a cada persona pero este caso se atenúa porque la que se fue estuvo aquí poco tiempo

    conozco el caso de una niña, era mi compañera de clase que murió a los 10 años, pasado un tiempo sus padres tuvieron una niña a la que pusieron el mismo nombre

    Juanita vivió diez años, era una niña estupenda y cariñosa, dudo mucho que sus padres estuvieran siempre a la altura de situar a Juanita 2 lejos de las comparaciones odiosas, que siempre se sufren incluso siendo hermanos vivos y de distinto sexo

    un beso

    • Lo de las comparaciones es difícil, pero se puede intentar al menos. Lo que pasa es que si encima nos ponemos el agravante de que se llamen igual,pues peor.
      Todos somos insustituibles, hayamos vivido lo que hayamos vivido.

      Pd: me ha alegrado tenerte de nuevo por aqui. Ahora ando sobrecargada de trabajo y tengo poco tiempo para el blog, pero bueno…se va haciendo camino.

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