Relato I: LA NOCHE DEL COMETA. Autor: DDALUZ

Los fantasmas se zambullían en el agua como alfileres de luz  desde el raso hemisferio de la oscuridad. Un arco que se extiende sobre pinares, oteros y minúsculos espejos robando monte para el ocio humano. La tierra se desfigura en la hemorragia de luna. Reserva para él la visión de los finos hilos del cielo en su caída. Él, desnudo en el espejo, diminuta obsidiana entre otras muchas.

Sumergido como lo puede estar una pluma, ofrece sus entrañas para que la apabullante noche se mire en él. Esa noche había encontrado, frente a la talla que venía esculpiendo media vida, un trozo de verdad irrepetible. La prolongación del que ha usurpado el alma a Ofión y en su violencia, serpentígera, ha engendrado un mito de sí.

Satisfecho, casi orgulloso, mira el cielo en busca de la figura  moldeada. Tantas horas de trabajo, tanto hallar y desechar, construir, derrumbar para volver a entallar, una vez más, el caos. Autoretrato, lejos, muy arriba, huyendo de Escorpión y Sagitario, saludando a Hércules. Constelación de Serpentario, muy cerca, tan cerca como el hálito del miedo.

Regocíjase en el delirio frágil. El tintineo de una gota solitaria le despierta. Cristalina en un caldario.

Los vapores de la duda vienen a sacarle del agua. ¿Vana ambición, pureza? ¿Qué han hecho mis manos?

Al dejar el espiritoso alinde para ir a dormir, un cometa raya el cielo hasta sus pies. El joven escultor sonríe, pero añade un deseo a la sonrisa.

Otra vez la noche, fuere la vigilia sueño y la noche el día. El joven artista, alimaña noctívaga, desciende a su alema privada tras jugar con el caos. Tantas horas desmembradas. Baño lunar antes del sueño. El agua ocelada, el cielo, Serpentario. Y en los vapores, aún en el agua, una lechuza surca el arco celeste, tan baja que el  bañista debe agacharse. Altiva y elegante sobre una rama, ambos se miran con intimidad de amigo. Él asombrado, ella altanera. En medio, los invisibles signos de la magia, el consejo sordo de Atenea.

La rapaz voló. No hubo sonrisa. No podía ser broma. Había invocado a los espíritus de la duda sin concebir respuesta. Purificador ejercicio de la pregunta. Lo oscuro le había transformado en Ofión oráculo para recibir los signos de su reino, cometa y lechuza.

Marcha a dormir. El jazmín asoma a la ventana espirales verdes y campanillas blancas. Un enredo de arañas que aliagan la atmósfera dejando ondulados resquicios para el libre ejercitar de la pregunta. ¿De qué mundo las respuestas? ¿Respuestas?

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