Relato VI: MALTA. Autor: LUDWIG BERTIE

Algunas conversaciones parece que van a prolongarse, pero son clausuradas por detalles como que los asientos del avión están en puntos extremos. Mientras esperábamos para embarcar habíamos bromeado sobre sus calcetines; los amigos con los que viajaba se habían reído con expresiones que sonaban recurrentes. “A mí me gustan”, le dije. Hablamos de cómo visten hombres y mujeres, de que los años añaden indiferencia a las opiniones ajenas, de lo que se espera de nosotros según profesiones o circunstancias. Mi sitio estaba en la fila 9, ventanilla. Le miré mientras se perdía al final del pasillo. No dije nada.

Mi hermana Laura reside en Malta desde que estuvo allí de Erasmus. Tiene un novio con el que vive intermitentemente. Me invitó o me invité, ya no recuerdo. Llevo más de un año triste; Laura cree que tengo depresión, pero es sólo tristeza, un estado del alma que no me anula, pero me ralentiza. Me gustan los calcetines estrafalarios y me fijo en los hombres que los lucen, veo en sus ojos un desdén divertido hacia el mundo y las convenciones. La conversación era deliciosamente banal; él tenía una sonrisa inocente y palabras limpias.

Laura me llevó a ver algunas ciudades de Malta y en Medina me lo encontré de nuevo. Me volví hacia ella y le di torpes explicaciones: “El del avión”, sin tan siquiera saludarle primero. Y él añadió, aún con mayor turbación, que Malta es una isla muy pequeña, que es fácil encontrarse, que no hay tantos sitios que visitar. Estaba menos cómodo que en la sala de embarque del aeropuerto y sus amigos sonreían preparando la guasa posterior. “¿Qué calcetines llevas hoy?”, oí cuando estábamos ya a unos pasos de ellos, tras despedirnos confusamente.

No volví a verlo. Laura vive a las afueras de La Valeta, una ciudad melancólica que parece puesta por la Historia a los pies del mar para preparar batallas o rodajes. Es una ciudad vacía en cuanto se pone el sol. Muy hermosa en su soledad en la que ni siquiera el Mediterráneo hace suficiente ruido. Quería pasear por la noche por sus calles, sola. Un taxi me dejó en el centro en pocos minutos. El tiempo corre más despacio en una ciudad desierta, incluso en sus arterias principales. Laura me había dado un par de direcciones donde acuden los escasos noctámbulos malteses. En uno de ellos, un pub de aire británico, tres músicos interpretaban con elegancia versiones de temas de Oscar Peterson.

Era posible, o yo lo creí, encontrarme con él de nuevo. Pensé que a hombres así (¿así cómo?) debía gustarles el jazz. Y también el vino blanco que me tomé, muy frío; tal vez hubiéramos compartido una botella y hablado en susurros. Era posible que en un lugar tan pequeño dos personas se encontrasen una y otra vez, (como una gozosa condena, pensé entonces). Pudimos recorrer juntos las calles que olían a mar, pero no dije nada cuando aún era tiempo.

Miré muchas veces hacia atrás mientras aguardaba mi turno en el control de entrada al avión. Otra vez la fila 9. No regresó ese día.

Las tardes siguientes me planteé volver a Barajas y esperar la llegada del único vuelo desde Malta: una isla muy pequeña en la que es fácil encontrarse.

Pero no lo hice. Qué decir entonces.

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8 Respuestas a “Relato VI: MALTA. Autor: LUDWIG BERTIE

  1. Escrito con buen pulso, con contención y simplicidad a partir de un detalle banal para la cotidianidad pero no para la literatura. Con un dejo melancólico, lánguido y pálido.

  2. Me encantan las medias de rayas, tengo varios pares que mis conocidos miran con desdén. A lo mejor y tras años de espera, los amantes invisibles se reconozcan por un pequeño asomo del tobillo.

    • Estaría bien ese reconocimiento. Además, está cargado de esperanza.
      Pd: yo de adolescente amaba unos calcetines chiquitos de lunares, no sé por qué. Ahora me gustan lisos, tengo de todos los colores y, por supuesto, de rayas.

  3. Quizá. La literatura está hecha también de lo que no se dice. Yo no echo de menos que se encuentren, que se quieran. Prefiero pensar en lo posible, incluso en lo improbable.

    Ahora bien, en la vida prefiero los encuentros.

  4. Me ha gustado mucho la manera en que se indaga en la ilusión del día a día, en la búsqueda de magia en los detalles. Creo que Ludwig Bertie ha logrado atraparnos con su gran maestría al contar ese “quizá” o ese “y si…” que surge en la cotidianidad y que, al no darle el peso o valor que realmente tiene, al no actuar como nos pide el cuerpo, llega a convertirse en una espina que no deja de crecer en un final como “Pero no lo hice. Qué decir entonces.” Enhorabuena por el texto, me ha gustado mucho.

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