Relato VIII: QUE TU MANO IZQUIERDA NO SEPA QUÉ HACE LA DERECHA. Autor: ERIZO

copista árabe– ¿Qué piadosa acción alegáis, sacrílego-blasfemo-renegado,  para que yo personalmente no os corte la cabeza? – inquirió airado Alhaquén II.

            Con la frente en el suelo, Abdul contestó audaz:

– Hay un sutil hilo de seda que une nuestras vidas. Ambos hemos nacido el mismo día 13 de enero del año 303 de la Hégira. Tenemos ahora 46 años. Yo podría ser el califa y vos este impío pecador que os habla.

            La osadía del reo sorprendió a Alhaquén.

            – Salvarás la cabeza por esa casual coincidencia, pero tus repetidos robos de libros en las mezquitas y en las casas particulares merecen que ordene de inmediato cortar tu mano derecha.

            No estaba dispuesto Abdul a entregar su mano al verdugo sin resistencia.

            – No permita el arcángel Gabriel, que dictó el Corán al profeta Mahoma, que se me arrebate la única virtud que me concedió Alá. Mi diestra es inicua en el robo, pero experta en la escritura. Lo demostré de niño ganando el premio de caligrafía cúfica, el día en que vuestro padre Abderramán III creó el califato de Córdoba. Podría serviros como el último de vuestros amanuenses.

            – Mandaré buscar el pergamino  para saber si eso es cierto.

            – En mi casa conservo tres cálamos que me regalaste vos mismo y también un dinar de oro que me entregó vuestro padre  –Alá lo tenga en el paraíso­–.

            Abdul estaba seguro de que acababa de salvar la mano derecha,  porque el califa  veneraba a los copistas; más de cincuenta trabajaban sin descanso en su biblioteca y revisaba personalmente su trabajo.

            Alhaquén ordenó comprobar los hechos y, ante el manuscrito ganador, perdonó a Abdul, cuya mano derecha – “buena mano para la caligrafía”, musitó el califa – se libró también del tajo del alfanje.

            A punto de salir de la sala, Alhaquén se volvió inesperadamente para afirmar solemne:

            – No puedo dejaros sin castigo. Todos los ciudadanos considerarían que su califa no ha sabido impartir justicia. Dispongo por tanto que se os corte la mano izquierda, salvo que de los más de trescientos libros robados, encontrados en vuestra casa, aparezca uno solo, cuyo título no esté entre los más de cuatrocientos mil que contiene mi biblioteca.

            Pensó Abdul cuán merecido era el apodo de “Califa Bibliófilo” –un nuevo libro valía para Alhaquén tanto como su mano izquierda– y después de muchos años de incredulidad dirigió una oración a Alá que casi estaba a punto de librarlo de toda condena.

            Años más tarde, cuando la biblioteca superaba el medio millón de ejemplares, Abdul seguía desempeñando diariamente su placentera tarea de copista del califa. En ese venturoso quehacer se hizo viejo. Ahora andaba realizando un duplicado del Tratado de Óptica de Ptolomeo, porque el original estaba en mal estado. Para cambiar de página, dejaba la pluma y pasaba la hoja con la mano derecha, mientras impedía que se desplazara el libro con el brazo izquierdo, con el muñón.

 

 

 

11 Respuestas a “Relato VIII: QUE TU MANO IZQUIERDA NO SEPA QUÉ HACE LA DERECHA. Autor: ERIZO

  1. La historia de un hombre que robaba tinta. Lo sagrado de la mano y la adoración a la lectura. Sin duda alguna, toda una religión… Inclusive con mártires. Un hermoso relato, aunque debo confesar que la última imagen me dolió.

  2. Relato de una calidad que raya la excelencia. Trasciende hasta el punto de que el lector se mete en el personaje de Abdul y le duele el muñón como si fuera propio. Magnífico.

  3. Digno de ser narrado o vendido en la Plaza Jamaa el Fna de Marrakech. Mucho más apropiado leerlo en Medina Azahara. También podemos acompañarlo por una sombra en el palmeral de Elx. O, sencillamente, con pantuflas en tu casa tomando un té.

  4. Extraordinario y cruel relato. ¿Podemos alabar al ser poderoso que pudiendo cortarte la cabeza, solo te corta una mano? Seguramente Salomón hubiera obrado de alguna manera más justa poniendo a prueba al desdichado. Ahora bien, el autor encadena a la perfección los hechos y nos hace cómplices de tan juiciosa decisión.

  5. Hábil relato, con final sorpresivo.
    Con la mano izquierda pagó el precio de su arriesgada aventura con los libros ajenos. La derecha agradecida, con maestría no paró de escribir hasta el final de sus días, se lo debía.

  6. Gran homenaje a las manos hábiles que nos transmitieron el Arte y la cultura con dichosos robos a mano armada de saber y tolerancia. Una mano alzada a la Belleza.

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