Relato XI: RECICLO HASTA LAS BODAS DE ORO. Autor: PORTIUNKULA

El año que viene celebraremos Dios mediante las bodas de oro. Digo Dios mediante porque quiero seguir viviendo, aunque desde hace unos quince años preferiría vivir sola y no tener que observar a mi marido. Conste que no quiero ni mirarlo, pero conviviendo en la misma casa de sesenta metros cuadrados ya se sabe, es difícil no tropezarse continuamente.

            El caso es que desde que el Ayuntamiento de la ciudad en la que vivimos, aumentara considerablemente las tasas del IBI, de las basuras y demás gastos, él está en plan rebelde. Con ganas de venganza. Les cuento: pusieron unos contenedores subterráneos para separar cristal, plástico y papel y parece que eso impulsó la subida de los impuestos.

            Mandaron una información al respecto, nombraron a la Unión Europea y sus correspondientes exigencias con el informe añadido de que cuánto más se recicle, menos cobrarán en tasas. Ja, ja, se reía él. Conmigo que no cuenten. A partir de hoy todo irá a la basura sin clasificar. A mí que no me jodan.

            Pero yo, no sé porqué, no puedo hacerlo. Siempre he sido aseada y obediente. Cuando él se va clasifico la basura y me doy prisa en llevarla a los contenedores para que no me vea. Lo que ya es el colmo es su última manía. Debe haberse dado cuenta de mis labores a escondidas. Porque desde hace unos días observo que llena la botella de cerveza o de sidra con los restos de comida. Los mete a presión, porque piensa que así no se aprovecha nadie de sus basuras ni cristales.

            Pero no ha contado conmigo, he encontrado la manera de sacar hasta las pieles de naranjas metidas en los estrechos cuellos de los botellines. ¿Será cabrón? Los lleno con agua a tope y acto seguido expulso con fuerza el contenido y sale todo. Entonces digo con satisfacción: ¡a mí que no me jodan! ¡Hasta ahí podíamos llegar! Siempre he sido aseada y obediente. Él que se vaya al infierno si quiere. Voy a tener que decir a la familia que me niego a celebrar las bodas de oro con un hombre vengativo. Hace casi cincuenta años no podía imaginarme que llegaría a tener ganas de reciclar las bodas de oro y depositar la celebración en un contenedor de los anhelos no cumplidos.

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