Relato XVII: LOS BESOS DE JUAN. Autor: PROVI MIRAS FLORES

Jacinta, la escritora, en una de las pocas veces en que llamó a la puerta de su vecino, Juan, famoso en el barrio por su contumaz laconismo, tras responder éste con un monosílabo a la pregunta de: “¿Cómo van las cosas?”, en un ramalazo poético, mirándole fijamente a los ojos, declamó: “Hay silencios muy elocuentes; algunos, los mejores, incluso besan”. Unas palabras a las que Juan, en un primer momento, no concedió importancia. “Otra metáfora almibarada de la buena de Jacinta”, se dijo para sus adentros. Pero una mañana, semanas después, en una biblioteca pública, se percató retrospectivamente de que las palabras que Jacinta había depositado en su memoria no articulaban una metáfora más o menos lúcida; proclamaban una de las grandes verdades de la vida. En una antología de relatos, Juan leyó y releyó el cuento “El beso”, de Anton Chejov, y, en cuanto terminó la segunda lectura, notó que su corazón se esponjaba ebrio de dicha; el silencio elocuente de Chejov, había acariciado sus entretelas. Desde ese día, Juan se convirtió en un prójimo afectuoso que repartía besos aquí y allá, a éste, a ése y aquél… o aquélla. Besos de palabra.

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