Pistolas de juguete, novela negra

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Recostada en la cama de un hospital, convaleciendo de un accidente y enfrentada a su propio fin, la joven se vió, mientras devoraba novela negra, como la niña que fue y que, tras el fallecimiento de su querida tía Luisa, disparaba a todos con la pistola de plástico para conjurar su miedo a la muerte.

© Coeliquore

12 Respuestas a “Pistolas de juguete, novela negra

    • Gracias: todos los adjetivos que le dedicas a este post me halagan enormemente.
      A veces temo que, de tan pequeños, los 55 resulten complicados. Pero veo que no😀

    • Bueno, Vicky, ese efecto que mencionas es un poco el que persigo. Si lo he conseguido, me alegra saberlo: aunque eso sí, que el golpe tampoco sea tan fuerte que impida reaccionar😀

  1. Tu micro es rotundo. Impacta con esa imagen de la niña disparando para conjurar su miedo a la muerte. Cuentas con toda mi admiración.

    • Gracias, Tina. Sí, esa niña, cuando tenía cuatro años, vio morir a quien más quería y pronto supo que esa persona no iba a volver. Fue tanto su miedo, que matando a los demás con la pistolilla, consiguió convencerse de que eso no le ocurriría a ella, que morían los otros ( y, encima, seguían ahí). Ahora, leyendo novelas donde hay profusión de sangre y cadáveres, le da tranquilidad saber que la muerte existe, que son otros los que mueren, que no solo le ocurrirá a ella. La mente siempre nos defiende.

  2. Tras leer estos microrrelatos siempre tengo la sensación de que la historia está por desarrollar. Después los releo y estallan en mi cerebro: su poder es precisamente esa síntesis absoluta de belleza e historia. Qué prodigio.

  3. Releer, revivir, relatar. Una vida es eso. Recordar también…Siempre encuentro algo tuyo que me inspira, pero sobre todo que me intriga.

    • Cierto, la vida es todos esos “re” que mencionas. Pero también sin el prefijo: vivir experiencias nuevas, conocer gente diferente, caminar paisajes no visitados.
      Me alegra que mis textos te inspiren y te intriguen: gracias.

  4. Realmente creo que poca gente no tiene miedo a la muerte. Yo solo recuerdo haber conocido a un hombre con el suficiente valor para mirarla de frente. Se fue en paz consigo mismo, dejando mucha tranquilidad a su alrededor. Solo fue incapaz de despedirse de su nieto de cinco años, su preferido. Era mi padre.

    • Supongo que sabía que había vivido su vida de la mejor manera posible, que aceptaba que su tiempo había acabado aquí y que dejaría en sus seres queridos bellos recuerdos y mucho amor. Por eso alcanzó semejante paz.
      Del nieto pequeño, sentiría no haber compartido en la tierra más tiempo juntos: tal vez eso le dificultaba la despedida.

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