Cine moderno, cine clásico

Dos películas, dos continentes, dos épocas, dos ritmos. Una se desarrolla en América, pero tanto artistas como director son europeos: Mi nueva vida en Nueva York. La otra, británica: La mujer invisible.mi nueva vida en nueva yorkLa primera dinámica, divertida, con una música excelente y unos encuadres y escenas novedosos. Además, el tema de la separación de los hijos (a los que la madre se lleva de París a Nueva York) es abordado desde la pespectiva del padre: diferente, cuando menos. Tanto enfoque en la mujer cansa y, a veces, hay mujeres que se las traen.invisible woman
La mujer invisible
, clásica película inglesa de excelente ambientación y retrato de personajes, con magníficos actores, que nos cuenta la historia personal y amorosa de Charles Dickens: la dificultad de las relaciones cuando se confunde el autor con el hombre, la diferencia de edad, las prohibiciones de una sociedad mojigata, el machismo imperante en la época.

Dos películas que hablan en inglés para darle un aire fresco al calor con el que llega el verano.

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Odette, una comedia sobre la felicidad

Siempre que llegan tiempos difíciles, recurro a mi terapia favorita: ver comedias. Y aunque ésta resultó ser romántica, subgénero que no me agrada tanto, me enganchó desde el primer momento.

La ternura, la inocencia, la sencillez y la facilidad con las que la protagonista es feliz (aún en situaciones complejas) subyuga. A pesar del almíbar y la nata, o precisamente por ello, es una película encantadora. La actriz, Catherine Frot, llena la pantalla, dejando al espectador boquiabierto.

Una viuda joven con dos hijos adolescentes, empleada en unos grandes almacenes y que por la noche se gana un dinero extra cosiendo plumas para los espectáculos del Moulin Rouge y del Folies Bergère, entre otros. Su alma de negra le hace bailar al hacer las faenas del hogar, al trabajar: relativiza todo y disfruta tanto, que se eleva, cual contenta Mary Poppins.

Su autor preferido, quien por supuesto escribe novelas rosas, acaba pasando unos días en su casa tras leer la carta que ella le dedica diciéndole cómo la lectura de sus libros le ha cambiado la vida. Y, pese a ser tan diferentes, ella le hace sentir bien, le saca de su vacío existencial. La mujer del escritor viene a buscarle y Odette les ayuda a sacar a flote su relación; sin embargo, la conexión estableciada no se puede romper. Y acaban juntos, en la luna de los enamorados.

Un merengue muy dulce. Pero lindo y fresco también. Para ver cuando surja el momento, quizás un domingo desapacible. Felicidad asegurada: aún floto yo también.

http://www.youtube.com/watch?v=xFuq5ypbyHY

Sobran las palabras

¿Tú que harías si, cuando empezaras a salir con alguien, se te presentase la posibilidad de conocerle mejor, aunque sea a través de su ex? Lo prudente sería decir no, y huir. Porque sabemos que esa visión está distorsionada; pero tampoco queremos sufrir. Eso fue lo que pensó Eva, la protagonista: que si conocía más cosas sobre él podría protegerse de posibles y evitables daños.

Una película entretenida y agridulce sobre las relaciones: amorosas, filiales, de amistad. Los miedos. Los malentendidos. Las dificultades. Las separaciones. El crecimiento. El perdón. El amor.

La primera tras un tiempo sin ver cine. Porque por muchas promesas que me haga, el cine sigue siendo una de mis pasiones. Y me resulta muy difícil no caer en ella.

Temporada de otoño

Empiezo la temporada de cine con dos películas que tenía pendientes : Love actually Lost in translation. 

love actuallyAmor, la palabra más amplia del diccionario. Cuando nos paramos a hablar de él nos damos cuenta de que tiene muchas formas, frecuentemente opuestas. Aunque hay quien dice que no se puede definir, que es algo que hay que vivir, que sentir. Y es cierto: solo quien se ha enamorado alguna vez sabe lo que es amar, quien está ahí para nosotros también nos ama, quien siente una pasión inexplicable, quien es capaz de dar su vida por él y quien sigue amando a pesar de no ser correspondido. El amor es esto y mucho más.

Por eso no es de extrañar que la película contenga varias historias, que cada una sea diferente y que todas nos toquen el corazón.  Love actually  es dulce como la Navidad, romántica, agradable de ver, positiva, con su toque de ternura y su pizca de irrealidad.

lost in translationEn Lost in translation más que amor hay soledad: en pareja, en la ciudad,  rodeada de otros. Los dos protagonistas se juntan porque se hallan en la misma situación: dentro de un matrimonio en el que se pierden, en un lugar cuya lengua no entienden. La conexión entre ellos es poderosa:  establecen una comunicación profunda cuando sus vidas se entrecruzan . Una película sorprendente, agridulce y bella como la estación  en la que nos encontramos.

Cine, cine

Sólo dos películas han conseguido llevarme al cine este verano, las dos en la misma semana:  El último concierto Paraíso: Amor.a late quartet2

La primera es una obra bella, profunda y exquisita con una banda sonora preciosa: el Opus 131 de Beethoven. En ella, ante la noticia de la retirada de uno de los miembros de un cuarteto que lleva veinticinco años juntos, se desencadena una tormenta que hace tambalear la amistad, el amor, la música y las prioridades de cada uno. La vida, en fin.paraiso amor1

A la otra acudí llevada por la descripción que de ella hacía la reseña (” un film basado en el humor”) y porque, para qué negarlo, la palabra “amor” actúa sobre mí como un imán. Sin embargo, salí de la sala con el sabor de las almendras amargas. Lo que en principio pintaba como unas estupendas vacaciones, acaba para la protagonista en un conocimiento profundo de sí misma y de la sociedad en que vivimos. La decadencia y opulencia del primer mundo frente a la pobreza del tercero y el comercio y la explotación sexual ( en este caso de ricas europeas hacia hombres africanos) como telón de fondo de una historia agridulce. Contraste y poesía entre lo narrado, la hermosura de las playas de Kenia , lo desolador de sus pueblos y la picaresca de su gente.

Una reconciliación con el cine a finales de verano.

On the road

      Regreso a mi añorado blog tras un paréntesis de quince días debido al concurso de relatos. Jamás pensé que echaría tanto de menos escribir en él: una relación de la que es difícil sustraerme, un “ni contigo ni sin tí” en casi continuo tira y afloja, pero dichoso.

Para la vuelta he escogido una película que vi hace ya algunos días, titulada precisamente En el camino: me parece un buen modo de adentrarme en la senda de retorno a la bitácora.

Cuando gustan los ingredientes, suele hacerlo también el resultado final. Así ha ocurrido en esta ocasión: me fascinan la carretera y conducir, las road movies, el trabajo de Walter Salles que conozco ( Diarios de motocicleta), Viggo Mortensen (aunque hace aquí un papel secundario  ) y la novela de Kerouak en la que se basa la película (que apenas recuerdo, con lo que no he tenido la tentación de realizar ninguna comparativa).

El ambiente, la música y los sueños de los jóvenes americanos de principios de los 50 . Y la amistad, la pasión por escribir, la libertad, la sed de conocimiento,  el sexo. Un viaje iniciático que es a la vez un recorrido por los Estados Unidos  y  Méjico . Un bello, crudo y salvaje descubrimiento de la vida.

Anna Karenina

Decir que se trata de una película hermosa es poco. Es bella, poética, de una estética exquisita y con un ritmo perfecto. Para mí, una auténtica obra maestra.

Adaptar una novela del siglo XIX al cine del siglo XXI no debe ser fácil. Pero el genial Tom Stoppard lo consigue. Y el trabajo del director y los actores, también. Las pasiones son eternas. Y las emociones. La historia de Rusia, de fondo.  Los cambios de escena, rápidos y continuos,  la convierten en algo vivo y magnífico.

Una película que es teatro. Teatro dentro del teatro. Es además cine del bueno. Y pintura. Y baile.  Arte puro.

La recomiendo sin dudarlo. Dos horas y media clavada en el asiento, disfrutando: vestuario cuidado, imágenes perfectas, belleza a raudales. Los momentos en que los actores se paran, resaltando el mundo interior de los personajes, son de 10. Todo. Volvería a verla una y otra vez, lo sé.